Somos los últimos
Me dijo que no había nadie
Antes de mí, nada
Después de mí, algo, quizá
Claridad en la noche
En cambio, es camino solitario,
que se desvanece en la arena
hasta perder la huella
Somos los últimos
Jorge
Su espíritu estaba demolido. El constante y puntiagudo
sonido de la voz de su compañero había hecho su trabajo con él.
Una vez en la estación se sentó y respiró profundamente, ya
no se podía seguir así, la incertidumbre actúa de manera asombrosa en un grupo
humano reducido.
Vio en su agenda la cantidad: 1640 km, una distancia que
esperaba recorrer más adelante, pero no ahora.
En este momento tenía por delante un recorrido diferente, en
comparación resultaba corto y alienado. Aunque esta vez, resultaba levemente
afectado por la lluvia que estaba causando algunos retrasos.
Luego de un tiempo de repetir las rutinas y esperar lo
esperable, el compañero ya no estaba. Silencio.
A pesar de lo inexplorada que resultaba su mente para los
demás, siempre se pensó de cierta manera. Pensamientos estéticos, retocados,
como para ser vistos. Suficiente para que cualquiera notase que había un estilo
ahí, pero insuficiente para catalogarlo.
Los recuerdos, luego de algunos retoques eran hermosas
piezas audiovisuales, demasiado entrañables para que importe si eran reales o
no.
Entre estos recuerdos estilizados de aquella tarde,
destacaban dos frases con aerosol que decoraban la estación. A decir verdad,
teniendo en cuenta las imagenes alteradas que acostumbraba generar, es posible
que no hayan estado ahí, o que no sean textuales, pero esta historia no se
trata de la verdad.
“Gracias por el helado” decía el muro norte de la estación,
hubiera querido que fuera obra suya, (siempre quiso rayar una pared), le
pareció en parte graciosa y tierna; y artística. Está pintada le hizo pensar en
alguien que ya no estaba.
La otra pintada era algo así “Sonríe, podrías morir hoy”,
también le pareció graciosa, la entendió como una promesa, no como amenaza.
Sra.
Pilar Iglesias
Coordinadora
del taller
PRESENTE
Estimada
Sra. Coordinadora
Me
dirijo hacia usted en mi calidad de participante del taller, con el fin de
expresarle mi preocupación por algunos aspectos de la ciencia que podrían
llegar a obstaculizar el normal desarrollo del espacio que nos ocupa.
Mi
objetivo inicial era centrarme en dos conceptos únicamente por una cuestión de
simplificación, ya que la ciencia en su conjunto resulta en una amenaza para
nuestro espacio. No obstante, en las
próximas líneas, tratare de no ser lo suficientemente breve, para de esta
manera robar tanto como pueda de su tiempo, tratare de explicar mi idea con el
menor poder de síntesis con el que pueda contar.
“Morir
es más difícil de lo que parece” expresa el Coronel Aureliano Buendía a través
de la pluma de Garcia Marquez, no solo es difícil, sino extremadamente
aleatorio, y la ciencia se empeña en hacerlo más difícil aun y cada vez menos
probable. Adoramos a la ciencia por ello, sin embargo, no morir nos va matando
de a poco.
Científicos,
aunque digan lo contrario intentando hablar de relatividad, de cuantos y de
agujeros negros; nos presentan un universo continuo, homogéneo, sin huecos, cuando
en realidad vivimos sin saberlo en los huecos. Pero en estos espacios a veces
se ven colores que no se pueden ver, es en este punto, donde en realidad
empiezo a dudar sobre si la ciencia es una amenaza para nosotros, o nosotros
somos una amenaza para la ciencia.
Una
serie de espejos negros cuando son observados en conjunto, permiten ver la
imagen en su totalidad. Pero al observarlos parcialmente, en esta imagen algo
está mal, pero no tan mal, solo un poco fuera de lugar. Sino, ¿De qué manera
podría tener yo en el mismo pensamiento tres policías en moto, una máscara, un
camión, un payaso en el sol de enero, un auto que al costado de la ruta; un
ciego que puede viajar en el tiempo, la estación Santos Lugares, una foto tomada
por Joaquim Paiva, un sueño de Sergio Denis y una naranja con hormigas.
Intentare
no perder ninguno de estos espejos a manos de la ciencia, donde no hay diferencia
entre un ciego y el mismo ciego, entre
una foto y esa misma foto, entre un sueño y ese mismo sueño. Son iguales, pero
se parecen.
Esperando
su apoyo para encontrar a pesar de la insistencia de los científicos, el
universo discontinuo y con huecos en los que caben ciegos. Lamentando no haber
podido ser menos conciso de lo que he sido, me despido
Atentamente
Eric
B.